Bicarbonato de sodio

Ámbito de Acción: Digestivo

Laboratorio

Fresenius Kabi

Presentación

Inyectable al 8.4% (1 Molar): envase conteniendo 100 ampollas de 10 ml ó 50 ampollas de 20 ml. Inyectable al 5%: envase conteniendo 50 ampollas de 20 ml. Inyectable 2/3 Molar: envase conteniendo 50 ampollas de 20 ml. 

Dosis Práctica
Debido a las variaciones en los requerimientos según la especie, la condición clínica y la formulación utilizada, no se recomienda establecer una dosis práctica general. Para asegurar un uso seguro y eficaz, se debe consultar la posología específica por especie y presentación incluida en este mismo vademécum.

Principio Activo

Bicarbonato de sodio

Composición

Inyectable al 8.4% (1 Molar): cada ampolla al 8.4% de 10 ml contiene: Bicarbonato de Sodio 0.84 g; cada ampolla al 8.4% de 20 ml contiene: Bicarbonato de Sodio 1.68 g. Inyectable al 5%: cada ampolla al 5% de 20 ml contiene: Bicarbonato de Sodio 1.0 g. Inyectable 2/3 Molar: cada ampolla 2/3 Molar de 20 ml contiene: Bicarbonato de Sodio 1.12 g. 


Especies

Caninos y Felinos

Posología

1. Acidosis metabólica grave: Cuando el pH arterial es <7.2 (o <7.1 en cetoacidosis diabética) y la ventilación no ha corregido la acidosis:

Dosis (mEq) = 0,5 × peso corporal (kg) × (CO₂ total deseado – CO₂ total medido)

  • Administrar la mitad de la dosis calculada por vía IV lenta en 3–4 horas.
  • Reevaluar gases arteriales y evitar la hiperalcalinización.
2. Cetoacidosis diabética (adyuvante): Solo si el bicarbonato plasmático es <11 mEq/L:

Dosis (mEq) = peso corporal (kg) × 0,4 × (12 – bicarbonato del paciente) × 0,5

  • Administrar durante 6 horas diluido en líquidos IV.
  • Recontrolar niveles de bicarbonato y repetir si es necesario.
3. Paro cardíaco (situación crítica): 1 mEq/kg IV inicialmente.

  • Luego 0,5 mEq/kg cada 10–15 minutos durante la reanimación cardiopulmonar.
  • Algunos protocolos recomiendan evitar su administración en los primeros 5–10 minutos.
4. Crisis hipercalcémicas (adyuvante): Dosis (mEq) = 0,3 × peso (kg) × (bicarbonato deseado – bicarbonato medido)

  • Alternativamente, 1 mEq/kg IV cada 10–15 min, hasta un máximo de 4 mEq/kg.
5. Crisis hiperpotasémicas (adyuvante): Si no se conoce el nivel de bicarbonato:

  • Administrar 2–3 mEq/kg IV en 30 minutos.
  • Alternativamente, 1–2 mEq/kg IV lenta si hay hipoperfusión o insuficiencia renal.
6. Acidosis metabólica por insuficiencia renal: Oral: 8–12 mg/kg cada 8 horas.

  • Ajustar para mantener CO₂ total entre 18–24 mEq/L.
  • Controlar también el pH urinario (objetivo: entre 6,5 y 7).
7. Alcalinización urinaria: Dosis inicial: 650 mg – 5,85 g por día, por vía oral, según tamaño del perro y pH urinario.

Objetivo: mantener pH urinario cerca de 7, evitar que supere 7,5.

8. Urolitiasis de urato (adyuvante): 0,5–1 g (aprox. 1/8 – 1/4 cucharadita)/5 kg, tres veces al día.

Objetivo: alcanzar y mantener un pH urinario entre 7 y 7,5.

1. Acidosis metabólica grave: Cuando el pH arterial es <7.2 (o <7.1 en cetoacidosis diabética) y la ventilación no ha corregido la acidosis:

Dosis (mEq) = 0,5 × peso corporal (kg) × (CO₂ total deseado – CO₂ total medido)

  • Administrar la mitad de la dosis calculada por vía IV lenta en 3–4 horas.
  • Reevaluar gases arteriales y evitar la hiperalcalinización.
2. Cetoacidosis diabética (adyuvante): Solo si el bicarbonato plasmático es <11 mEq/L:

Dosis (mEq) = peso corporal (kg) × 0,4 × (12 – bicarbonato del paciente) × 0,5

  • Administrar durante 6 horas diluido en líquidos IV.
  • Recontrolar niveles de bicarbonato y repetir si es necesario.
3. Paro cardíaco (situación crítica): 1 mEq/kg IV inicialmente.

  • Luego 0,5 mEq/kg cada 10–15 minutos durante la reanimación cardiopulmonar.
  • Algunos protocolos recomiendan evitar su administración en los primeros 5–10 minutos.
4. Crisis hipercalcémicas (adyuvante): Dosis (mEq) = 0,3 × peso (kg) × (bicarbonato deseado – bicarbonato medido)

  • Alternativamente, 1 mEq/kg IV cada 10–15 min, hasta un máximo de 4 mEq/kg.
5. Crisis hiperpotasémicas (adyuvante): Si no se conoce el nivel de bicarbonato:

  • Administrar 2–3 mEq/kg IV en 30 minutos.
  • Alternativamente, 1–2 mEq/kg IV lenta si hay hipoperfusión o insuficiencia renal.
6. Acidosis metabólica por insuficiencia renal: Oral: 8–12 mg/kg cada 8 horas.

  • Ajustar para mantener CO₂ total entre 18–24 mEq/L.
  • Controlar también el pH urinario (objetivo: entre 6,5 y 7).
7. Alcalinización urinaria: Dosis inicial: 650 mg – 5,85 g por día, por vía oral, según tamaño del perro y pH urinario.

Objetivo: mantener pH urinario cerca de 7, evitar que supere 7,5.

8. Urolitiasis de urato (adyuvante): 0,5–1 g (aprox. 1/8 – 1/4 cucharadita)/5 kg, tres veces al día.

Objetivo: alcanzar y mantener un pH urinario entre 7 y 7,5.


Indicaciones

El bicarbonato de sodio se indica para tratar la acidosis metabólica y alcalinizar la orina. También se emplea como terapia adyuvante en el tratamiento de las crisis hipercalcémicas o hiperpotasémicas. Su uso está especialmente recomendado en los siguientes escenarios clínicos:

  1. Acidosis metabólica grave, cuando el pH arterial es menor a 7,2 (o 7,1 en caso de cetoacidosis diabética), y las medidas ventilatorias o el tratamiento de la causa subyacente no han sido eficaces en corregir el estado ácido-base.

  2. Cetoacidosis diabética, en pacientes con bicarbonato plasmático menor a 11 mEq/L, aunque su uso en esta condición es controversial y debe indicarse con precaución, evaluando el riesgo-beneficio.

  3. Paro cardiorrespiratorio, donde se administra como parte de la reanimación cardiopulmonar avanzada, con el objetivo de contrarrestar la acidosis láctica secundaria a hipoperfusión tisular.

  4. Crisis hipercalcémicas, como complemento en el manejo de esta emergencia metabólica, al contribuir a la movilización del calcio hacia el espacio intracelular y favorecer su eliminación.

  5. Crisis hiperpotasémicas, especialmente en pacientes con hipoperfusión o insuficiencia renal sin cetoacidosis, donde ayuda a disminuir los niveles séricos de potasio por desplazamiento intracelular.

  6. Acidosis metabólica crónica secundaria a insuficiencia renal, como tratamiento oral a largo plazo, con el objetivo de mantener concentraciones de CO₂ total dentro de rangos fisiológicos (18-24 mEq/L) y un pH urinario adecuado (entre 6,5 y 7,0).

  7. Alcalinización urinaria, indicada como parte del tratamiento o prevención de urolitiasis por urato o cistina, mediante dosificación ajustada según el tamaño del paciente y el pH urinario.

Todas estas indicaciones requieren un monitoreo clínico y laboratorial riguroso para evitar complicaciones como hipernatremia, hipocalcemia, o hiperalcalosis, especialmente en pacientes críticos o con función renal comprometida.

Acciones

El bicarbonato de sodio actúa principalmente como un agente alcalinizante y corrector del equilibrio ácido-base, con efectos sistémicos y locales según la vía de administración.

  1. Acción tampón sistémica:
    A nivel sistémico, el bicarbonato sódico reacciona con los ácidos presentes en el organismo, liberando dióxido de carbono (CO₂) y agua. Esta reacción reduce la concentración de iones hidrógeno (H⁺), aumentando el pH sanguíneo. Es particularmente útil en casos de acidosis metabólica, donde ayuda a restablecer el equilibrio ácido-base al aportar bases que neutralizan el exceso de protones.

  2. Efecto sobre el potasio sérico:
    En casos de hiperpotasemia, el bicarbonato favorece el desplazamiento del potasio (K⁺) desde el espacio extracelular hacia el interior celular al inducir una alcalosis leve. Este efecto es útil en el manejo de emergencias como la insuficiencia renal aguda o traumatismos graves.

  3. Alcalinización urinaria:
    Vía oral, promueve el aumento del pH urinario, lo que puede ser útil en el tratamiento o prevención de urolitiasis por urato o cistina. Un pH urinario superior a 6,5-7 favorece la disolución y previene la formación de ciertos tipos de cálculos.

  4. Acción en intoxicaciones específicas:
    El bicarbonato de sodio también se utiliza como parte del tratamiento en intoxicaciones por agentes que generan acidosis (por ejemplo, etilenglicol), contribuyendo a neutralizar metabolitos ácidos y mejorando la eficacia de otras terapias (como la diuresis alcalina).

  5. Soporte en la reanimación cardiopulmonar (RCP):
    En paro cardiorrespiratorio, su administración puede ayudar a contrarrestar la acidosis láctica acumulada, aunque debe usarse con cautela y de forma controlada, ya que su uso indiscriminado puede generar alcalosis y otros efectos adversos.

Farmacocinética

 es un agente alcalinizante que actúa como tampón extracelular. Su farmacocinética depende de la vía de administración y del estado ácido-base del paciente.

  • Absorción oral:
    El bicarbonato administrado por vía oral se absorbe rápidamente desde el tracto gastrointestinal, particularmente en el intestino delgado. La velocidad de absorción puede variar según la presencia de alimentos y el vaciamiento gástrico.

  • Distribución:
    Tras su absorción, el ion bicarbonato se distribuye principalmente en el espacio extracelular. No atraviesa fácilmente las membranas celulares, por lo que su acción se concentra en la neutralización de ácidos en el plasma y fluidos intersticiales. No se une significativamente a proteínas plasmáticas.

  • Metabolismo:
    No se metaboliza en forma directa. Su efecto se produce por su participación en la reacción de equilibrio ácido-base:
    HCO3+H+H2CO3CO2+H2O\mathrm{HCO}_3^- + \mathrm{H}^+ \rightleftharpoons \mathrm{H}_2\mathrm{CO}_3 \rightleftharpoons \mathrm{CO}_2 + \mathrm{H}_2\mathrm{O}
    A través de esta vía, el ion bicarbonato neutraliza protones libres, formando ácido carbónico, que se descompone en dióxido de carbono (CO₂) y agua.

  • Eliminación:
    El CO₂ generado es eliminado principalmente por vía respiratoria. El exceso de bicarbonato no utilizado es excretado por los riñones, dependiendo del estado ácido-base y del funcionamiento renal. En animales con disfunción renal, puede acumularse y producir alcalosis.

  • Vida media y efectos:
    El efecto alcalinizante es rápido cuando se administra por vía intravenosa (en cuestión de minutos) y puede durar varias horas. Cuando se administra por vía oral, su acción es más gradual pero sostenida, dependiendo del pH urinario y del grado de acidosis.

Efectos Adversos

El uso de bicarbonato de sodio, especialmente por vía intravenosa o en dosis elevadas, puede provocar varios efectos adversos, particularmente si no se monitoriza correctamente el equilibrio ácido-base del paciente. Entre los principales se incluyen:

  • Alcalosis metabólica: Es el efecto adverso más relevante y puede ocurrir si se administra una dosis excesiva o si el bicarbonato se usa en pacientes sin acidosis clara. La alcalosis reduce la disponibilidad de calcio ionizado, lo que puede causar signos neuromusculares como tetania, debilidad, temblores o convulsiones.
  • Hipernatremia: La administración de bicarbonato sódico implica una carga adicional de sodio, lo que puede derivar en hipernatremia, especialmente en animales deshidratados o con función renal comprometida.
  • Hipocaliemia: La alcalosis metabólica puede inducir la redistribución del potasio intracelular, disminuyendo sus niveles plasmáticos. Esto puede provocar arritmias cardíacas o debilidad muscular.
  • Sobrecarga de volumen: Si se administra en grandes volúmenes (particularmente por vía intravenosa), puede desencadenar sobrecarga circulatoria, edema pulmonar o hipertensión, especialmente en animales cardiópatas o con insuficiencia renal.
  • Disminución del efecto de otros medicamentos: El bicarbonato puede modificar el pH urinario y afectar la excreción de ciertos fármacos, prolongando su acción o disminuyendo su eliminación.
  • Irritación gastrointestinal (uso oral): En administración prolongada o en pacientes sensibles, puede producir distensión abdominal, meteorismo o molestias gastrointestinales leves.

Contraindicaciones

Está contraindicado o debe ser cuidadosamente evaluado en las siguientes situaciones clínicas:

  1. Alcalosis metabólica o respiratoria:
    No debe utilizarse en animales que presenten alcalosis, ya que el bicarbonato puede agravar el desequilibrio ácido-base, comprometiendo aún más la función celular, especialmente a nivel neurológico y cardíaco.

  2. Hipocalcemia:
    Su uso puede precipitar síntomas clínicos de hipocalcemia al reducir aún más los niveles séricos de calcio ionizado, lo que puede desencadenar tetania, convulsiones o arritmias.

  3. Hipervolemia o insuficiencia cardíaca congestiva:
    Debido a su contenido en sodio, puede agravar cuadros de sobrecarga de volumen o edemas en pacientes con compromiso cardíaco o renal.

  4. Oliguria o anuria persistente:
    En animales con escasa o nula producción de orina, el bicarbonato puede acumularse y favorecer un estado de alcalosis metabólica severa, ya que no podrá ser excretado adecuadamente.

  5. Hipokalemia no corregida:
    La administración de bicarbonato puede exacerbar la hipokalemia existente al inducir el desplazamiento intracelular del potasio, lo cual puede aumentar el riesgo de arritmias cardíacas peligrosas.

  6. Uso simultáneo con ciertos medicamentos:
    Puede interferir con la absorción de fármacos dependientes de un medio ácido para su biodisponibilidad (como ketoconazol o hierro oral), por lo que debe evitarse su uso conjunto a menos que se ajusten los tiempos de administración.

  7. Casos en los que el pH sanguíneo no ha sido medido:
    No debe administrarse empíricamente sin contar con parámetros objetivos (como gases arteriales o bicarbonato plasmático), ya que su uso indebido puede inducir complicaciones graves.

Sobredosis

La sobredosis de bicarbonato de sodio, ya sea por administración intravenosa o por vía oral en exceso, puede tener consecuencias clínicas graves, especialmente si se administra rápidamente o sin una monitorización adecuada.

Manifestaciones clínicas de sobredosis:

1. Alcalosis metabólica severa, que puede generar:

  • Disminución de la contractilidad miocárdica.
  • Arritmias cardíacas.
  • Hipocalcemia secundaria.
  • Tetania muscular y convulsiones.
  • Letargo, confusión o debilidad.

2. Hipernatremia e hiperosmolalidad, especialmente en neonatos, pacientes geriátricos o con disfunción renal.
3. Edema pulmonar o sobrecarga de volumen, cuando se administra en grandes volúmenes IV.
4. Rebote ácido, especialmente si no se corrige la causa subyacente de la acidosis.

Manejo de la sobredosis:

1. Suspensión inmediata de la administración de bicarbonato.
2. Corrección del equilibrio ácido-base con fluidoterapia adecuada.
3. Monitoreo estricto de electrolitos (especialmente potasio, calcio y sodio).
4. En casos graves, puede ser necesaria la diálisis para eliminar el exceso de bicarbonato y corregir alteraciones metabólicas.

Seguridad Reproductiva

Al ser un compuesto inorgánico que actúa como agente alcalinizante, no se ha asociado directamente con efectos teratogénicos, embriotóxicos o fetotóxicos en los estudios disponibles en medicina veterinaria. Su uso ocasional y controlado en gestantes o lactantes no ha demostrado provocar alteraciones reproductivas significativas cuando se emplea con indicación precisa y bajo supervisión profesional.

Sin embargo, no se recomienda su uso rutinario durante la gestación o la lactancia a menos que esté clínicamente justificado, ya que:

  • Su administración puede alterar el equilibrio ácido-base tanto de la madre como de los fetos.

  • La hipernatremia inducida podría afectar el desarrollo fetal en gestaciones avanzadas.

  • No existen estudios controlados en poblaciones específicas de gestantes o lactantes en perros y gatos que garanticen su seguridad plena a largo plazo.

Por tanto, debe evaluarse riesgo/beneficio en cada caso clínico, especialmente cuando se requiera su uso por vía intravenosa o en tratamientos prolongados.

Interacción Medicamentosa

El bicarbonato de sodio puede generar múltiples interacciones medicamentosas relevantes en medicina veterinaria, tanto en caninos como en felinos, debido a su capacidad de modificar el pH sistémico y urinario, lo que afecta directamente la absorción, excreción y actividad de numerosos fármacos. Cuando se administra por vía oral, puede aumentar o disminuir la biodisponibilidad de otros medicamentos, por lo que se recomienda evitar su uso concomitante con fármacos como tetraciclinas, antihistamínicos H₂ (cimetidina, ranitidina), sucralfato, productos con hierro, azoles antifúngicos (ketoconazol, itraconazol) y agentes anticolinérgicos. Se aconseja espaciar su administración al menos 1 a 2 horas respecto de estos principios activos.

Además, al alcalinizar la orina, el bicarbonato de sodio puede aumentar la eliminación de salicilatos, pero disminuir la excreción de fármacos como quinidina y efedrina, lo que prolonga su efecto y potencia el riesgo de toxicidad. En el caso de las fluoroquinolonas (como ciprofloxacina y enrofloxacina), la alcalinización urinaria reduce su solubilidad, incrementando el riesgo de cristaluria, por lo que se recomienda monitoreo urinario durante su uso conjunto.

El uso simultáneo de bicarbonato con diuréticos perdedores de potasio (como tiacidas o furosemida) puede inducir alcalosis hipoclorémica. Asimismo, su asociación con glucocorticoides o ACTH puede favorecer la aparición de hipernatremia. En pacientes que reciben medicamentos con margen terapéutico estrecho, como el litio o glucósidos digitálicos, pueden presentarse alteraciones importantes en su farmacocinética, por lo que su administración debe hacerse con precaución y bajo estricto control clínico y de laboratorio.

Por todo lo anterior, es indispensable revisar la medicación concomitante del paciente y considerar ajustes posológicos o espaciamiento de la administración, especialmente en terapias prolongadas o en animales con alteraciones metabólicas o renales.

Última actualización: 08/08/2025 02:15

Bicarbonato de sodio

Inyectable al 8.4% (1 Molar): cada ampolla al 8.4% de 10 ml contiene: Bicarbonato de Sodio 0.84 g; cada ampolla al 8.4% de 20 ml contiene: Bicarbonato de Sodio 1.68 g. Inyectable al 5%: cada ampolla al 5% de 20 ml contiene: Bicarbonato de Sodio 1.0 g. Inyectable 2/3 Molar: cada ampolla 2/3 Molar de 20 ml contiene: Bicarbonato de Sodio 1.12 g. 


Caninos y Felinos

1. Acidosis metabólica grave: Cuando el pH arterial es <7.2 (o <7.1 en cetoacidosis diabética) y la ventilación no ha corregido la acidosis:

Dosis (mEq) = 0,5 × peso corporal (kg) × (CO₂ total deseado – CO₂ total medido)

  • Administrar la mitad de la dosis calculada por vía IV lenta en 3–4 horas.
  • Reevaluar gases arteriales y evitar la hiperalcalinización.
2. Cetoacidosis diabética (adyuvante): Solo si el bicarbonato plasmático es <11 mEq/L:

Dosis (mEq) = peso corporal (kg) × 0,4 × (12 – bicarbonato del paciente) × 0,5

  • Administrar durante 6 horas diluido en líquidos IV.
  • Recontrolar niveles de bicarbonato y repetir si es necesario.
3. Paro cardíaco (situación crítica): 1 mEq/kg IV inicialmente.

  • Luego 0,5 mEq/kg cada 10–15 minutos durante la reanimación cardiopulmonar.
  • Algunos protocolos recomiendan evitar su administración en los primeros 5–10 minutos.
4. Crisis hipercalcémicas (adyuvante): Dosis (mEq) = 0,3 × peso (kg) × (bicarbonato deseado – bicarbonato medido)

  • Alternativamente, 1 mEq/kg IV cada 10–15 min, hasta un máximo de 4 mEq/kg.
5. Crisis hiperpotasémicas (adyuvante): Si no se conoce el nivel de bicarbonato:

  • Administrar 2–3 mEq/kg IV en 30 minutos.
  • Alternativamente, 1–2 mEq/kg IV lenta si hay hipoperfusión o insuficiencia renal.
6. Acidosis metabólica por insuficiencia renal: Oral: 8–12 mg/kg cada 8 horas.

  • Ajustar para mantener CO₂ total entre 18–24 mEq/L.
  • Controlar también el pH urinario (objetivo: entre 6,5 y 7).
7. Alcalinización urinaria: Dosis inicial: 650 mg – 5,85 g por día, por vía oral, según tamaño del perro y pH urinario.

Objetivo: mantener pH urinario cerca de 7, evitar que supere 7,5.

8. Urolitiasis de urato (adyuvante): 0,5–1 g (aprox. 1/8 – 1/4 cucharadita)/5 kg, tres veces al día.

Objetivo: alcanzar y mantener un pH urinario entre 7 y 7,5.

1. Acidosis metabólica grave: Cuando el pH arterial es <7.2 (o <7.1 en cetoacidosis diabética) y la ventilación no ha corregido la acidosis:

Dosis (mEq) = 0,5 × peso corporal (kg) × (CO₂ total deseado – CO₂ total medido)

  • Administrar la mitad de la dosis calculada por vía IV lenta en 3–4 horas.
  • Reevaluar gases arteriales y evitar la hiperalcalinización.
2. Cetoacidosis diabética (adyuvante): Solo si el bicarbonato plasmático es <11 mEq/L:

Dosis (mEq) = peso corporal (kg) × 0,4 × (12 – bicarbonato del paciente) × 0,5

  • Administrar durante 6 horas diluido en líquidos IV.
  • Recontrolar niveles de bicarbonato y repetir si es necesario.
3. Paro cardíaco (situación crítica): 1 mEq/kg IV inicialmente.

  • Luego 0,5 mEq/kg cada 10–15 minutos durante la reanimación cardiopulmonar.
  • Algunos protocolos recomiendan evitar su administración en los primeros 5–10 minutos.
4. Crisis hipercalcémicas (adyuvante): Dosis (mEq) = 0,3 × peso (kg) × (bicarbonato deseado – bicarbonato medido)

  • Alternativamente, 1 mEq/kg IV cada 10–15 min, hasta un máximo de 4 mEq/kg.
5. Crisis hiperpotasémicas (adyuvante): Si no se conoce el nivel de bicarbonato:

  • Administrar 2–3 mEq/kg IV en 30 minutos.
  • Alternativamente, 1–2 mEq/kg IV lenta si hay hipoperfusión o insuficiencia renal.
6. Acidosis metabólica por insuficiencia renal: Oral: 8–12 mg/kg cada 8 horas.

  • Ajustar para mantener CO₂ total entre 18–24 mEq/L.
  • Controlar también el pH urinario (objetivo: entre 6,5 y 7).
7. Alcalinización urinaria: Dosis inicial: 650 mg – 5,85 g por día, por vía oral, según tamaño del perro y pH urinario.

Objetivo: mantener pH urinario cerca de 7, evitar que supere 7,5.

8. Urolitiasis de urato (adyuvante): 0,5–1 g (aprox. 1/8 – 1/4 cucharadita)/5 kg, tres veces al día.

Objetivo: alcanzar y mantener un pH urinario entre 7 y 7,5.


El bicarbonato de sodio se indica para tratar la acidosis metabólica y alcalinizar la orina. También se emplea como terapia adyuvante en el tratamiento de las crisis hipercalcémicas o hiperpotasémicas. Su uso está especialmente recomendado en los siguientes escenarios clínicos:

  1. Acidosis metabólica grave, cuando el pH arterial es menor a 7,2 (o 7,1 en caso de cetoacidosis diabética), y las medidas ventilatorias o el tratamiento de la causa subyacente no han sido eficaces en corregir el estado ácido-base.

  2. Cetoacidosis diabética, en pacientes con bicarbonato plasmático menor a 11 mEq/L, aunque su uso en esta condición es controversial y debe indicarse con precaución, evaluando el riesgo-beneficio.

  3. Paro cardiorrespiratorio, donde se administra como parte de la reanimación cardiopulmonar avanzada, con el objetivo de contrarrestar la acidosis láctica secundaria a hipoperfusión tisular.

  4. Crisis hipercalcémicas, como complemento en el manejo de esta emergencia metabólica, al contribuir a la movilización del calcio hacia el espacio intracelular y favorecer su eliminación.

  5. Crisis hiperpotasémicas, especialmente en pacientes con hipoperfusión o insuficiencia renal sin cetoacidosis, donde ayuda a disminuir los niveles séricos de potasio por desplazamiento intracelular.

  6. Acidosis metabólica crónica secundaria a insuficiencia renal, como tratamiento oral a largo plazo, con el objetivo de mantener concentraciones de CO₂ total dentro de rangos fisiológicos (18-24 mEq/L) y un pH urinario adecuado (entre 6,5 y 7,0).

  7. Alcalinización urinaria, indicada como parte del tratamiento o prevención de urolitiasis por urato o cistina, mediante dosificación ajustada según el tamaño del paciente y el pH urinario.

Todas estas indicaciones requieren un monitoreo clínico y laboratorial riguroso para evitar complicaciones como hipernatremia, hipocalcemia, o hiperalcalosis, especialmente en pacientes críticos o con función renal comprometida.

El bicarbonato de sodio actúa principalmente como un agente alcalinizante y corrector del equilibrio ácido-base, con efectos sistémicos y locales según la vía de administración.

  1. Acción tampón sistémica:
    A nivel sistémico, el bicarbonato sódico reacciona con los ácidos presentes en el organismo, liberando dióxido de carbono (CO₂) y agua. Esta reacción reduce la concentración de iones hidrógeno (H⁺), aumentando el pH sanguíneo. Es particularmente útil en casos de acidosis metabólica, donde ayuda a restablecer el equilibrio ácido-base al aportar bases que neutralizan el exceso de protones.

  2. Efecto sobre el potasio sérico:
    En casos de hiperpotasemia, el bicarbonato favorece el desplazamiento del potasio (K⁺) desde el espacio extracelular hacia el interior celular al inducir una alcalosis leve. Este efecto es útil en el manejo de emergencias como la insuficiencia renal aguda o traumatismos graves.

  3. Alcalinización urinaria:
    Vía oral, promueve el aumento del pH urinario, lo que puede ser útil en el tratamiento o prevención de urolitiasis por urato o cistina. Un pH urinario superior a 6,5-7 favorece la disolución y previene la formación de ciertos tipos de cálculos.

  4. Acción en intoxicaciones específicas:
    El bicarbonato de sodio también se utiliza como parte del tratamiento en intoxicaciones por agentes que generan acidosis (por ejemplo, etilenglicol), contribuyendo a neutralizar metabolitos ácidos y mejorando la eficacia de otras terapias (como la diuresis alcalina).

  5. Soporte en la reanimación cardiopulmonar (RCP):
    En paro cardiorrespiratorio, su administración puede ayudar a contrarrestar la acidosis láctica acumulada, aunque debe usarse con cautela y de forma controlada, ya que su uso indiscriminado puede generar alcalosis y otros efectos adversos.

 es un agente alcalinizante que actúa como tampón extracelular. Su farmacocinética depende de la vía de administración y del estado ácido-base del paciente.

  • Absorción oral:
    El bicarbonato administrado por vía oral se absorbe rápidamente desde el tracto gastrointestinal, particularmente en el intestino delgado. La velocidad de absorción puede variar según la presencia de alimentos y el vaciamiento gástrico.

  • Distribución:
    Tras su absorción, el ion bicarbonato se distribuye principalmente en el espacio extracelular. No atraviesa fácilmente las membranas celulares, por lo que su acción se concentra en la neutralización de ácidos en el plasma y fluidos intersticiales. No se une significativamente a proteínas plasmáticas.

  • Metabolismo:
    No se metaboliza en forma directa. Su efecto se produce por su participación en la reacción de equilibrio ácido-base:
    HCO3+H+H2CO3CO2+H2O\mathrm{HCO}_3^- + \mathrm{H}^+ \rightleftharpoons \mathrm{H}_2\mathrm{CO}_3 \rightleftharpoons \mathrm{CO}_2 + \mathrm{H}_2\mathrm{O}
    A través de esta vía, el ion bicarbonato neutraliza protones libres, formando ácido carbónico, que se descompone en dióxido de carbono (CO₂) y agua.

  • Eliminación:
    El CO₂ generado es eliminado principalmente por vía respiratoria. El exceso de bicarbonato no utilizado es excretado por los riñones, dependiendo del estado ácido-base y del funcionamiento renal. En animales con disfunción renal, puede acumularse y producir alcalosis.

  • Vida media y efectos:
    El efecto alcalinizante es rápido cuando se administra por vía intravenosa (en cuestión de minutos) y puede durar varias horas. Cuando se administra por vía oral, su acción es más gradual pero sostenida, dependiendo del pH urinario y del grado de acidosis.

El uso de bicarbonato de sodio, especialmente por vía intravenosa o en dosis elevadas, puede provocar varios efectos adversos, particularmente si no se monitoriza correctamente el equilibrio ácido-base del paciente. Entre los principales se incluyen:

  • Alcalosis metabólica: Es el efecto adverso más relevante y puede ocurrir si se administra una dosis excesiva o si el bicarbonato se usa en pacientes sin acidosis clara. La alcalosis reduce la disponibilidad de calcio ionizado, lo que puede causar signos neuromusculares como tetania, debilidad, temblores o convulsiones.
  • Hipernatremia: La administración de bicarbonato sódico implica una carga adicional de sodio, lo que puede derivar en hipernatremia, especialmente en animales deshidratados o con función renal comprometida.
  • Hipocaliemia: La alcalosis metabólica puede inducir la redistribución del potasio intracelular, disminuyendo sus niveles plasmáticos. Esto puede provocar arritmias cardíacas o debilidad muscular.
  • Sobrecarga de volumen: Si se administra en grandes volúmenes (particularmente por vía intravenosa), puede desencadenar sobrecarga circulatoria, edema pulmonar o hipertensión, especialmente en animales cardiópatas o con insuficiencia renal.
  • Disminución del efecto de otros medicamentos: El bicarbonato puede modificar el pH urinario y afectar la excreción de ciertos fármacos, prolongando su acción o disminuyendo su eliminación.
  • Irritación gastrointestinal (uso oral): En administración prolongada o en pacientes sensibles, puede producir distensión abdominal, meteorismo o molestias gastrointestinales leves.

Está contraindicado o debe ser cuidadosamente evaluado en las siguientes situaciones clínicas:

  1. Alcalosis metabólica o respiratoria:
    No debe utilizarse en animales que presenten alcalosis, ya que el bicarbonato puede agravar el desequilibrio ácido-base, comprometiendo aún más la función celular, especialmente a nivel neurológico y cardíaco.

  2. Hipocalcemia:
    Su uso puede precipitar síntomas clínicos de hipocalcemia al reducir aún más los niveles séricos de calcio ionizado, lo que puede desencadenar tetania, convulsiones o arritmias.

  3. Hipervolemia o insuficiencia cardíaca congestiva:
    Debido a su contenido en sodio, puede agravar cuadros de sobrecarga de volumen o edemas en pacientes con compromiso cardíaco o renal.

  4. Oliguria o anuria persistente:
    En animales con escasa o nula producción de orina, el bicarbonato puede acumularse y favorecer un estado de alcalosis metabólica severa, ya que no podrá ser excretado adecuadamente.

  5. Hipokalemia no corregida:
    La administración de bicarbonato puede exacerbar la hipokalemia existente al inducir el desplazamiento intracelular del potasio, lo cual puede aumentar el riesgo de arritmias cardíacas peligrosas.

  6. Uso simultáneo con ciertos medicamentos:
    Puede interferir con la absorción de fármacos dependientes de un medio ácido para su biodisponibilidad (como ketoconazol o hierro oral), por lo que debe evitarse su uso conjunto a menos que se ajusten los tiempos de administración.

  7. Casos en los que el pH sanguíneo no ha sido medido:
    No debe administrarse empíricamente sin contar con parámetros objetivos (como gases arteriales o bicarbonato plasmático), ya que su uso indebido puede inducir complicaciones graves.

La sobredosis de bicarbonato de sodio, ya sea por administración intravenosa o por vía oral en exceso, puede tener consecuencias clínicas graves, especialmente si se administra rápidamente o sin una monitorización adecuada.

Manifestaciones clínicas de sobredosis:

1. Alcalosis metabólica severa, que puede generar:

  • Disminución de la contractilidad miocárdica.
  • Arritmias cardíacas.
  • Hipocalcemia secundaria.
  • Tetania muscular y convulsiones.
  • Letargo, confusión o debilidad.

2. Hipernatremia e hiperosmolalidad, especialmente en neonatos, pacientes geriátricos o con disfunción renal.
3. Edema pulmonar o sobrecarga de volumen, cuando se administra en grandes volúmenes IV.
4. Rebote ácido, especialmente si no se corrige la causa subyacente de la acidosis.

Manejo de la sobredosis:

1. Suspensión inmediata de la administración de bicarbonato.
2. Corrección del equilibrio ácido-base con fluidoterapia adecuada.
3. Monitoreo estricto de electrolitos (especialmente potasio, calcio y sodio).
4. En casos graves, puede ser necesaria la diálisis para eliminar el exceso de bicarbonato y corregir alteraciones metabólicas.

Al ser un compuesto inorgánico que actúa como agente alcalinizante, no se ha asociado directamente con efectos teratogénicos, embriotóxicos o fetotóxicos en los estudios disponibles en medicina veterinaria. Su uso ocasional y controlado en gestantes o lactantes no ha demostrado provocar alteraciones reproductivas significativas cuando se emplea con indicación precisa y bajo supervisión profesional.

Sin embargo, no se recomienda su uso rutinario durante la gestación o la lactancia a menos que esté clínicamente justificado, ya que:

  • Su administración puede alterar el equilibrio ácido-base tanto de la madre como de los fetos.

  • La hipernatremia inducida podría afectar el desarrollo fetal en gestaciones avanzadas.

  • No existen estudios controlados en poblaciones específicas de gestantes o lactantes en perros y gatos que garanticen su seguridad plena a largo plazo.

Por tanto, debe evaluarse riesgo/beneficio en cada caso clínico, especialmente cuando se requiera su uso por vía intravenosa o en tratamientos prolongados.

El bicarbonato de sodio puede generar múltiples interacciones medicamentosas relevantes en medicina veterinaria, tanto en caninos como en felinos, debido a su capacidad de modificar el pH sistémico y urinario, lo que afecta directamente la absorción, excreción y actividad de numerosos fármacos. Cuando se administra por vía oral, puede aumentar o disminuir la biodisponibilidad de otros medicamentos, por lo que se recomienda evitar su uso concomitante con fármacos como tetraciclinas, antihistamínicos H₂ (cimetidina, ranitidina), sucralfato, productos con hierro, azoles antifúngicos (ketoconazol, itraconazol) y agentes anticolinérgicos. Se aconseja espaciar su administración al menos 1 a 2 horas respecto de estos principios activos.

Además, al alcalinizar la orina, el bicarbonato de sodio puede aumentar la eliminación de salicilatos, pero disminuir la excreción de fármacos como quinidina y efedrina, lo que prolonga su efecto y potencia el riesgo de toxicidad. En el caso de las fluoroquinolonas (como ciprofloxacina y enrofloxacina), la alcalinización urinaria reduce su solubilidad, incrementando el riesgo de cristaluria, por lo que se recomienda monitoreo urinario durante su uso conjunto.

El uso simultáneo de bicarbonato con diuréticos perdedores de potasio (como tiacidas o furosemida) puede inducir alcalosis hipoclorémica. Asimismo, su asociación con glucocorticoides o ACTH puede favorecer la aparición de hipernatremia. En pacientes que reciben medicamentos con margen terapéutico estrecho, como el litio o glucósidos digitálicos, pueden presentarse alteraciones importantes en su farmacocinética, por lo que su administración debe hacerse con precaución y bajo estricto control clínico y de laboratorio.

Por todo lo anterior, es indispensable revisar la medicación concomitante del paciente y considerar ajustes posológicos o espaciamiento de la administración, especialmente en terapias prolongadas o en animales con alteraciones metabólicas o renales.

Última actualización: 08/08/2025 02:15